Si preguntaran cuando me convertí en artista, podría decir que no fue hace mucho. Y si tuviera que buscar una fecha, podría decir el día que escribí el primer poema, o el día que hice la primera pintura en un lienzo... Pero la realidad es que, soy artista desde que nací. Y sí, a riesgo de caer en el cliché de decir "todos somos artistas", tengo que decirte algo...
¡Todos somos artistas y ya nacemos así!
¡Así que sí, eres artista!
Un par de años atrás, si escuchaba una afirmación como esta, inmediatamente pensaba que era un cuento que algunos locos habían aprendido vaya a saber dónde, y que se habían coordinado para repetir como loros. No podía estar más lejos de la realidad ❤️.

¿Cómo pase de ser una estudiante de ingeniería obsesionada con la perfección y el orden, a poner un pincel en un lienzo, un verso en un cuaderno y entregarme completamente al caos del arte?
En julio del 2023, publiqué mi primer libro, y en noviembre del mismo año expuse mis pinturas por primera vez en el museo arqueológico "Prof. Antonio Taddei". La realidad es que si un año antes de todo esto, alguien me hubiese spoileado lo que iba a pasar, le hubiese pedido que abandonara los estupefacientes o que se buscara un buen psiquiatra. "¿Yo exponiendo pinturas en un museo? ¡Pero si jamás tuve un pincel en mi mano y además, dibujo horrible!". Por otro lado, creo que también una parte muy recóndita de mí, habría pensado que eso sería un hermoso, impensable e imposible sueño. Y es que así empezó todo, con un sueño, pero un sueño de esos que pasan cuando uno está durmiendo.
Desde niña fui emujada a la perfección. Tenía que pintar sin salirme de la raya, tener una caligrafía perfecta, una ortografía perfecta, una nota perfecta. Así crecí, e incluso hasta el día de hoy, cuando muestro una pintura a mis padres, siempre hay una proporción o un color que se podría mejorar.
Estudiar ingeniería, lejos de hacerme cambiar de perspectiva, me terminó de convertir en una máquina del orden, planificación y perfección. Cada detalle bajo la lupa, para todo una estrategia, un plan B, C y D. Y eso no solo acontecía en mi vida profesional, también pasaba en mi vida personal.
Un día de pandemia, después de una racha de largos días de trabajo, me di cuenta de que estaba trabajando en veintiún proyectos al mismo tiempo. Los conté ¡Y sí, todos al ritmo que te hace marchar la perfección! Trabajaba de domingo a domingo, desde que abría los ojos hasta que los cerraba. Amo mi trabajo y resulta que soy muy buena en eso, la ingeniería no es más que crear, pero en mi caso, lo hago desde la tecnología. Trabajaba todas esas horas con gusto, hasta que necesité descansar y entendí que el ritmo que traía no me permitía parar. Tenía compromisos, tareas, reuniones, fechas de entrega. Los mensajes en mi teléfono eran muchos, y todos empezaban con "necesito...", "¿para cuándo...?", "hacé...", "vení...", "dame...".
Estaba envuelta en una rosca de compromisos y tareas sin principio ni fin, hasta el día que me senté en la computadora y no supe qué hacer. Literalmente, no sabía qué aplicación abrir, qué código escribir, o a quién responderle. Me llevó tres meses volver a programar. Esa mañana, me desperté con un sueño en la cabeza. Yo contemplaba atónita, una imagen hermosa, era un paisaje bellísimo y ordenado. La perfección en su máxima expresión. De pronto, de la nada apareció un gato. Y te podrás preguntar ¿Qué podría hacer un hermoso gatito en un lugar tan ordenado? Caos. Completo caos. ¡CAOS con mayúscula! El gato saltó con las patas llenas de pintura y corrió por todo ese orden. Intenté detenerlo, pero no pude, pasó muy rápido. El gato saltó y desordeno todo, manchando la imagen de la sagrada perfección. El corazón casi se me sale del pecho. Cuando el gato terminó de hacer su caos, aquella imagen había dejado de ser hermosamente perfecta y se había convertido simplemente en algo majestuoso. Y sí, por primera vez, aquella perfección se había desordenado para pasar a ser majestuoso.
Jamás había visto algo tan bello. Las huellas del gato se habían impregnado en los espacios perfectos, lugares donde jamás una máquina del orden como yo, habría puesto una huella de gato. En el instante que abrí los ojos, agarré el teléfono para pedirle a una amiga que me ayudara a reproducir esa imagen, a ella se la daba muy bien dibujar. Escribí el mensaje, y en el momento en que fui a enviarlo, el teléfono se apagó. Me levanté, preparé el desayuno, me dispuse a trabajar y la computadora no prendía. Cuando logré prender la compu, noté que no tenía internet. Entendí la señal. Miré a mi alrededor y vi la montaña de cosas que tenía pendiente, cosas que no eran en una computadora, ¡me puse manos a la obra! Busqué, analicé y clasifiqué notas que tenía en ocho cuadernos y libretas distintas. Todas con sueños, planes e ideas que en algún momento había anotado para no olvidarme. Las categoricé, ordené, pase a posticks y pegué por toda la pared de mi oficina. Por los siguientes tres meses no pude hacer más que mirar, ordenar, limpiar y reordenar esa pared.

Sin darme cuenta empecé a dibujar símbolos, ideas, conceptos... Dibujos toscos y con poca gracia, pero cargados de significado. Empecé a dejar entrar el CAOS del gato en mi vida. Dibujé y escribí. Al poco tiempo decidí invitar a mis sobrinos a pintar, ellos aman pintar y se me ocurrió llevarlo a otro nivel. Sabía que me visitarían el domingo, así que el sábado compré pinturas, lienzo y pinceles. La sorpresa fue que mientras compraba, me di cuenta de que lo estaba haciendo para mí, y esa misma noche, sin tener conciencia de lo que estaba haciendo, hice mi primera pintura. No es perfecta. Técnicamente, está muy alejada de ser perfecta, pero sí fue perfecta para mí. Esa noche, por primera vez, entendí que cualquier cosa que uno hace con el corazón es simplemente perfecto y majestuoso.

Pinté, pinté y pinté. Pinté con mis sobrinos, y pinté sin ellos. Pinté cosas que no tenían forma de nada, pinté atardeceres, amaneceres, faros, barcos, sirenas. Pinté caos, pinté orden, y también escribí. Con el tiempo conseguí otro teléfono, y de a poco pude comenzar a usar la computadora de nuevo, pero ya no trabajaba de sol a sol. Luego de unas horas, dejaba el trabajo y me ponía a pintar o escribir.
Cuando quise acordar tenía más de cincuenta pinturas y más de cien poemas. Así que empecé a compartirlos. Al cabo de unos meses, los ordené, agrupé y se convirtieron en mi primer libro: "De Amores, Placeres y Superpoderes". Cada uno de esos textos me acompañaron en el recorrido que me llevó a renacer y entender que el arte es un puente al alma. Y sí, así como todos tenemos alma, todos tenemos arte. Explorarla en mayor o menor magnitud, es una elección de cada uno.

Actualmente, en mis exposiciones, las pinturas van acompañadas de un texto. Tanto el texto como la pintura giran en torno al mismo concepto, idea o aprendizaje. Les dejo para que conozcan a Caos, una de las obras que me acompaña en mis exposiciones.
Caos
No había error. Era bueno.
Era mejor que una película
mejor que cualquier cuento,
pero le faltaba algo,
y si le faltaba algo ya no era perfecto.
Así que con una mano le ponía
para tapar el agujero,
y con la otra le sacaba
para justificar el esfuerzo.
Porque si estaba completo se aburría,
pero si le faltaba mucho se caía.
Y así ocupaba el tiempo
y se pasaba el día,
jugando a administrar su imperfecto
caos perfecto
al que llamaba vida.
